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Pieza procesual perteneciente a la seccion 'Ensayo Digital' de Axel Doyel Studio. Esta obra de arte ambiental en alto contraste de blanco y negro explora la textura topografica, la erosion geologica . Analiza la paradoja entre la escala micro y macro mediante la simulacion algoritmica, funcionando como un token inmutable en la Web3 diseñado como ensayo experimental de la maquina y su huella en el arte en contraste con la huella de las técnicas pictóricas tradicionales.

Ensayo digital

Pieza procesual perteneciente a la seccion 'Ensayo Digital' de Axel Doyel Studio. Esta obra de arte ambiental explora un gradiente fluido y espectral en amarillo solar, magenta neon, rojo y verde esmeralda. Utiliza la estetica de los mapas termicos y la simulacion algoritmica para reflexionar sobre el calentamiento global, la alteracion de los microclimas y la vulnerabilidad de la biodiversidad en hábitats tropicales. De igual manera habla sobre el lenguaje de la computadora al crear, frente a al lenguaje del arte tradicional.
Pieza procesual perteneciente a la seccion 'Ensayo Digital' de Axel Doyel Studio. Esta obra monocromatica en alto contraste explora el entramado lineal y la huella de la maquina como lenguaje de traduccion entre el codigo algoritmico y la materia organica vegetal. Reflexiona sobre el impacto tecnologico en los ecosistemas, la memoria digital de la naturaleza y la preservacion inmutable en la Web3 como acto de artivismo ambiental.

Textura digital: una nueva visualidad; la máquina también tiene alma

   Ensayo digital parte de la experiencia que he adquirido realizando obras de arte digital con herramientas inicialmente muy básicas. Estas fueron mostrándome un universo de texturas propias de cada aplicación utilizada en la creación de mis primeras obras.

Las obras fueron surgiendo con una visualidad diferente de la que aparecía en los distintos canales de Internet que mostraban lo mejor del arte digital. Eran imágenes que destacaban por sus texturas depuradas, sus degradaciones perfectas y sus colores vibrantes, representando de manera hiperrealista todos los materiales propuestos en cada obra.

Sin embargo, a medida que me acercaba a las herramientas digitales con las que realizaba mis primeros trabajos, comprendía que cada una de aquellas texturas era diferente de las que mis ojos estaban acostumbrados a ver.

Al principio fue un proceso difícil. Como no eran iguales, aparentemente su nivel parecía desigual o inferior. De alguna manera, era la máquina la que estaba hablando.

No intentaba representar ningún material o textura específicos reconocibles por nuestros ojos, ni utilizar las texturas creadas por los pinceles predefinidos que ofrecen programas como Photoshop, entre otros.

Eran soluciones técnicas a contracorriente que rápidamente comenzaron a llamar mi atención de una manera especial. También me interesó cómo cada una de ellas podía medirse y apreciarse en cada centímetro, como si fuera posible extraer más de una propuesta visual partiendo del mismo NFT.

Los planos de color, formados en algunos casos por islas que construyen las diferentes áreas cromáticas y los volúmenes, fueron uno de los rasgos más destacados. También resultaba interesante observar cómo se superponían y lograban producir, al igual que las técnicas de dibujo a lápiz, una ilusión óptica de color, textura, volumen, luces y sombras.

Como puede verse en cada una de las imágenes compartidas, es posible apreciar una manera muy particular de entender la forma y el color.

Esto resulta tan interesante como lo fueron en su momento las pinceladas del expresionismo y el impresionismo, así como las de otros estilos más vanguardistas y alejados del rigor académico.

De igual manera, el arte digital ofrece recursos equivalentes a lo que representaría la academia dentro de la pintura. Sin embargo, también ofrece un universo más libre, permitiendo al artista explorar otras formas capaces de enriquecer notablemente su obra.

De esta manera, permito que la máquina plasme su huella sin la intervención de la mano del artista que busca una corrección excesiva de la imagen y de cada uno de sus elementos.

Me gusta el arte que permite apreciar la huella del material utilizado y cómo la máquina deja ver su manera de entender el color, la forma, las luces y las sombras en cada milímetro cuadrado.

   Como es posible ver, en cada una de las imágenes compartidas, es posible apreciar la manera, muy particular de entender la forma y el color. Siendo tan interesante, como lo son las pinceladas en el expresionismo o impresionismo, en su momento, como de otros estilos mas vanguardistas, alejados del rigor de la academia. 

   De igual manera, el arte digital, ofrece recursos equivalentes, a lo que sería la academia en la pintura, pero del mismo modo, ofrece un universo mas libre, permitiendo al artista explorar, otras formas que pueden enriquecer notablemente su obra. Dejando que la máquina plasme su huella, sin la intervención de la mano del artista, que busca una excesiva corrección de la imagen y cada uno de sus elementos. 

   Me gusta el arte que deja ver la huella del material utilizado, y como la máquina, deja ver la manera en que va entendiendo el color, la forma y las luces y las sombras, por cada milímetro cuadrado.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y LAS ARTES VISUALES

¿Te has preguntado alguna vez cuál ha sido el impacto de la inteligencia artificial en el arte? Si has leído hasta aquí, seguramente podrás adivinar a qué me refiero.

La inteligencia artificial es, sin lugar a dudas, un instrumento que ha marcado un antes y un después en la creación artística, así como en las demás áreas del conocimiento humano.

Ahora resulta mucho más fácil procesar los datos, lo que reduce considerablemente el tiempo necesario para conseguir una mejor optimización de los sistemas en todos los ámbitos de la vida. Esto permite utilizarlos para alcanzar un mayor rendimiento y, con ello, mejores resultados.

Pero ¿qué hemos logrado realmente en las artes?

Con la llegada de los NFT y de la inteligencia artificial, hemos visto un sinnúmero de obras que hacen gala de los mejores programas destinados a la creación artística. En algunas de ellas observamos personajes que presentan texturas hiperrealistas y recrean con mucha exactitud la apariencia de objetos que conocemos y utilizamos en nuestra vida cotidiana.

Su equivalente dentro de la historia del arte podría encontrarse en el Renacimiento o el Barroco, estilos en los que sus principales exponentes concebían obras con una técnica refinada.

Esto representó un gran logro en contraste con etapas anteriores de la historia del arte, como el arte bizantino o, mucho antes, durante los comienzos de la creación artística, las pinturas rupestres.

Sin embargo, siglos después, la creación artística comenzó a conceder mayor valor y protagonismo a la experimentación con los materiales.

El mimetismo quedó en un segundo plano dentro de la poética de muchos artistas. La técnica dejó de ser, y continúa sin ser, un elemento fundamental o un instrumento para medir el talento del creador.

La idea ganó terreno frente a la técnica. Fue entonces cuando surgieron artistas y estilos que marcaron nuevas rutas dentro de las manifestaciones más tradicionales del arte.

Existen numerosos ejemplos, como las obras de Jean-Michel Basquiat, Joseph Beuys, Marcel Duchamp, Robert Rauschenberg y Jackson Pollock, entre otros.

En cambio, con la llegada del arte digital observamos una mirada totalmente diferente: la búsqueda de un hiperrealismo excesivo, apoyada en la historia de los videojuegos, uno de los primeros antecedentes del auge digital que vivimos actualmente.

También está relacionada con los avances cada vez mayores que proporcionan las tarjetas gráficas de empresas como NVIDIA y AMD, entre otras, y con su capacidad para perfeccionar todo lo relacionado con la imagen.

Es como si el arte digital y los NFT estuvieran viviendo lo que el hiperrealismo representó para el arte tradicional en una etapa más reciente de su historia.

El arte digital y los NFT constituyen, en muchos casos, una mirada mimética de la realidad que hace gala de sus cualidades formales. Mientras tanto, el arte tradicional dirige su mirada hacia los pasajes más profundos de nuestra existencia.

Este último intenta descifrar o revelar las incontables complejidades de la especie humana y la manera en que esta transforma su entorno. A su vez, el entorno transforma al ser humano, tanto para su beneficio como en detrimento de su vida presente y de su desarrollo futuro, produciendo así un resultado inequívoco de nuestras acciones.

¿QUÉ ARTE ES MÁS ACERTADO: EL DIGITAL O EL TRADICIONAL? ¿A TRAVÉS DE CUÁL TE REFLEJAS?

Si has llegado hasta aquí, quizás tengas las mismas preguntas que yo, o incluso más. De cualquier manera, esto representa una gran suerte y un privilegio para la mente creativa e inquieta.

También constituye un buen punto de partida para formularnos constantemente preguntas tan atrevidas como la que da título a esta parte final de mi primer ensayo.

Este texto no pretende ser concluyente ni mucho menos dictar una sentencia. Son reflexiones nacidas del pensamiento más libre de la mente durante el proceso de creación: ideas quizás inconclusas, fruto del infinito proceso creativo.

Hoy me atrevo a sacarlas a la luz, permitiendo que otras personas conozcan mi manera de entender estas nuevas prácticas artísticas, si cabe el término.

Siempre he experimentado una sensación incómoda cuando escucho como respuesta el mismo comodín con el que intentamos otorgar un lugar a algo nuevo y ante lo cual algunas personas se sienten amenazadas:

Si has llegado hasta aquí, quizás tengas las mismas preguntas que yo, o incluso más. De cualquier manera, esto representa una gran suerte y un privilegio para la mente creativa e inquieta.

También constituye un buen punto de partida para formularnos constantemente preguntas tan atrevidas como la que da título a esta parte final de mi primer ensayo.

Este texto no pretende ser concluyente ni mucho menos dictar una sentencia. Son reflexiones nacidas del pensamiento más libre de la mente durante el proceso de creación: ideas quizás inconclusas, fruto del infinito proceso creativo.

Hoy me atrevo a sacarlas a la luz, permitiendo que otras personas conozcan mi manera de entender estas nuevas prácticas artísticas, si cabe el término.

Siempre he experimentado una sensación incómoda cuando escucho como respuesta el mismo comodín con el que intentamos otorgar un lugar a algo nuevo y ante lo cual algunas personas se sienten amenazadas:

«El arte digital es una herramienta más».

Ciertamente lo es, y sería absurdo negarlo o considerarlo una amenaza.

En el pasado, el fauvismo fue una respuesta desproporcionada al miedo que representó para los pintores de la época el surgimiento de la fotografía.

De repente, se consiguió capturar la realidad tal y como era, al menos desde el punto de vista formal. Sin embargo, continuaba pendiente la reproducción del verdadero color del objeto o de la persona retratada. Además, solamente unas pocas personas privilegiadas podían aspirar a hacerse un retrato.

Aquellos retratos no podían competir con la escala de las obras pictóricas, que adquirían protagonismo al ocupar las grandes paredes de las casas pertenecientes a la burguesía. Por aquel entonces, sus integrantes eran los únicos que podían poseer lienzos realizados por los artistas de mayor renombre.

No fueron pocos los elementos existentes que los artistas de la época no tuvieron en cuenta cuando vieron en la fotografía un peligro para su único medio de subsistencia.

Es como si la amenaza activara el miedo y el miedo incentivara la creación, mientras cada cual defendía su espacio.

De cualquier manera, aquel proceso nos dejó grandes obras y una nueva forma de representar la realidad.

El nacimiento de la fotografía trajo consigo la documentación de la realidad. Por primera vez, conseguíamos enmarcarla tal y como la interpretaban nuestros ojos.

Al mismo tiempo, los artistas agudizaron aún más su mirada y observaron de cerca el alma oculta y subyacente bajo la superficie del entorno que los rodeaba. Así hicieron más abstracta la representación de la realidad, en un intento por traducirla.

Este fue un acontecimiento de la historia del arte que hoy podemos volver a observar dentro de la escena contemporánea mediante el arte digital.

Actualmente, el arte digital sí puede capturar la realidad a todo color, en todos los tamaños y formatos. La resolución 4K parece capaz de capturar el mundo entero en un solo segundo.

La fotografía, apoyada en los dispositivos tecnológicos y como resultado de ellos, avanzó de la mano del desarrollo mundial en todas sus áreas. Al mismo tiempo, fue reflejando la desigualdad de ese desarrollo y mostrando cómo unas pocas personas tienen acceso a lo mejor creado por el ser humano y para el ser humano, mientras que, para la gran mayoría,

la realidad es diferente.

De esta manera, distintos artistas de la fotografía fueron documentando las numerosas problemáticas a las que se enfrentan muchas personas. Este es el caso de Andrés Serrano y Ana Mendieta: dos enfoques diferentes que capturaron mediante sus lentes los dolores de la existencia humana, de una manera mucho más personal e íntima en el caso de Ana Mendieta.

Son dos formas de ver y sentir: por una parte, un hombre fotógrafo; por otra, una mujer que, a través de la fotografía, registró sus performances en un intento por documentar el dolor que sentía.

Sin embargo, aquel dolor también quedaba olvidado y su importancia se desvanecía quizás con mayor rapidez que la duración de sus propias performances.

La fotografía se convirtió en una denuncia y en un espejo de su alma, dejándonos imágenes de aquello que su alma nos reveló convertido en arte.

Fueron dos artistas que olvidaron que la fotografía se realizaba con una cámara y llegaron hasta las vísceras para representar la verdad que sentían que nos debían, tal y como lo inmortalizó Cézanne cuando expresó que nos dejaba la verdad convertida en pintura.

Ni Andrés Serrano ni Ana Mendieta quedaron seducidos por las posibilidades que ofrecían sus cámaras para capturar la realidad con un extraordinario realismo. Fueron mucho más allá y descubrieron la complejidad y la riqueza de la luz y del color para acercarnos a aquello que sus almas conseguían ver.

Basta observar sus obras para comprender que no hacían gala de los píxeles de sus cámaras con la intención de entregarnos imágenes que, por su calidad, parecieran fotografías de paquetes turísticos, por utilizar un ejemplo ilustrativo.

Ellos, en cambio, intervenían cada aspecto de la imagen para entregarnos su alma.

Y es aquí donde llego al punto culminante de este ensayo. Entiendo que este es el elemento que debemos considerar dentro del nuevo viaje del arte digital y de todas sus facetas, como los NFT.

Como artistas y seres humanos, tenemos que encontrar en esta nueva práctica artística una manera de incorporarnos a las diferentes problemáticas a las que nos enfrentamos.

Debemos preguntarnos de dónde venimos, pero, sobre todo, y esto es lo más preocupante, qué nos estamos haciendo, hacia dónde nos conduce y hacia dónde llevará a las generaciones futuras.

Es mucho lo que entrañan el arte digital y los NFT dentro de su contexto actual y futuro. Ambos son producto del lado más inteligente de la especie humana y de nuestra gran capacidad para transformar el entorno de una manera casi mágica, siempre que mantengamos ese propósito como uno de los objetivos principales de nuestra existencia.

Las tecnologías, especialmente las relacionadas con la informática, son «la octava maravilla del mundo». El número ocho contiene en su significado una relación con la suerte.

Ciertamente, el desarrollo tecnológico es responsable de que los habitantes de este planeta puedan tener una mejor suerte y mejorar sus vidas.

Veo en la llegada del arte digital y de los NFT, así como en su incorporación a las artes, la expresión más acertada de la inteligencia de la especie humana.

Este es uno de los momentos más importantes para expresarnos mediante las artes. Tenemos la oportunidad de reflejar en las obras nuestras sombras, pero también nuestras luces.

Debemos tener siempre presente que somos los únicos habitantes de la Tierra que contamos con un pensamiento lo suficientemente abstracto como para entender y transformar el mundo, así como para crear un entorno digital surrealista paralelo al mundo natural.

Durante siglos, las artes hablaron, desde sus orígenes y a lo largo de su desarrollo, de temas cotidianos, como la representación visual de pasajes bíblicos y su impacto en la fe de las personas creyentes y no creyentes.

Hoy, en cambio, las artes y las nuevas tendencias, como el universo digital, nos proporcionan a los artistas un poder extraordinario para ofrecer una poética mucho más completa y efectiva.

Considero que este es un buen momento para debatir y abrir el diálogo sin ningún tipo de temor. Durante siglos hemos establecido distintos criterios sobre lo que consideramos correcto o incorrecto.

Gracias a los grandes maestros de la historia del arte, se fueron poniendo en su lugar muchas ideas que se oponían a una creación mucho más libre y espontánea.

Un ejemplo es el gran maestro Wifredo Lam, cuya obra pude contemplar en el Museo de Arte Cubano. Allí observé cómo Lam no borraba las líneas realizadas a lápiz con las que organizaba la composición. Algunas de esas líneas eran trazadas con la ayuda de una regla, alejándose de aquella máxima relacionada con el pulso del artista.

Estas líneas hablaban y nos revelaban los primeros pasos de la elaboración de la obra, dejando constancia de su antes y su después.

Esta idea, quizás practicada por numerosos artistas plásticos, también trascendió a la arquitectura. Un ejemplo es el Centro Pompidou, creado por Renzo Piano, uno de los arquitectos más relevantes de la arquitectura moderna, que supo desdoblarla y sacar a la luz elementos que anteriormente permanecían en la sombra.

Las nuevas tecnologías ofrecen la oportunidad de contar con un extraordinario conjunto de herramientas capaces de proporcionarnos numerosos recursos expresivos. Sin lugar a dudas, estos conseguirán otorgar a las artes un papel más visible dentro de la vida de las personas, más allá de las paredes de las galerías.

Los potentes programas informáticos y las pantallas, tanto pequeñas como grandes —desde las que llevamos en las manos hasta las que transmiten publicidad en distintas ciudades del mundo—, tienen la capacidad de reproducir en cuestión de segundos el trabajo de los creadores.

Entiendo que este es el aspecto que los artistas de nuestro tiempo debemos aprovechar mejor. De esta forma, podremos maximizar el poder de las nuevas tecnologías y su aplicación dentro del panorama artístico actual.

También podremos utilizar estos medios para acercar y ofrecer a las nuevas generaciones una visión igualmente humanista.

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